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Los jeroglíficos
son uno de los sistemas de escritura más antiguos
que existen. Siempre ha maravillado por la complejidad
de un sistema de interpretación en una época
(existía antes de las dinastías faraónicas)
tan antigua, que se remonta al año 3300 a.
c.. Básicamente, los jeroglíficos
componen un sistema de signos que se pueden
interpretar tanto gráfica como fonéticamente.
El descubrimiento de la Piedra de Roseta, donde había
un texto traducido en tres lenguas: jeroglífica,
demótica y griega uncial, fue el punto de partida
para entender este idioma.
Los jeroglíficos también
interesaron a los científicos por ser un idioma
que mezclaba ideogramas, signos consonánticos
y determinantes. Pero además de ser complejo,
es a la vez simple, porque, para representar los signos,
utilizaron objetos cotidianos de su día a día,
utensilios, partes del cuerpo, animales,
plantas y otros tantos. Los jeroglíficos, que
el momento de mayor auge alcanzaron los 6000
símbolos, eran usualmente grabados
en piedra (sobre templos e incluso construcciones
más humildes como casas), en madera y poco
más frecuente en papiros.
Los últimos jeroglíficos de que se tiene
constancia pertenecen al período del
emperador Adriano y hoy en día el
visitante los puede apreciar en el templo de Isis,
en File.
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