|
Uno de los lugares más visitados
en Egipto es el famoso Abu Simbel (que significa La
Montaña pura), muy cerca de la frontera con Sudán.
Ubicada hacia el sur del país, a una distancia
de 300 kilómetros de la ciudad de Asuán,
la presa es sin dudas una colosal muestra del esplendor
humano. Es un recinto de dos templos construidos a base
de la roca que se encuentra en la zona. El propulsor
de tamaña obra fue Ramsés II.
El templo mayor de Abu Simbel representa quizá
una de las obras arquitectónicas de aquella época
en mejor estado.
El templo fue concebido para alabar
a Ramsés como si fuera un gran
Dios y a los restantes e importantes dioses de Egipto,
Amón, Ra y Ptah. Junto a los
tres dioses se representaba a Ramsés como el
cuarto gran dios de Egipto. A la dinastía
XIX le tocó restaurar el prestigio de
Egipto, que poco a poco se fue perdiendo con los sucesivos
conflictos y disputas religiosas, inclinándose
sobre todo en el culto a Atón
en detrimento de Amón, propulsando así
la renovada importancia de templos como este, que aún
hoy presume de tener vestigios que pueden ser observados
por las diferentes y futuras civilizaciones.
A causa de la construcción de
la presa de Asuán y el constante aumento del
nivel del Nilo, los artífices de la obra se vieron
en la necesidad de reubicar varios templos,
incluidos los que se hallaban a la orilla del río.
Un Renombrado equipo internacional se encargó
realizar las tareas colosales de reubicación.
Las obras de construcción del
templo comenzaron aproximadamente en el 1284
adC y se mantuvieron a lo largo de 20 años,
hasta el 1264 adC. Es uno de los seis
templos erigidos o excavados en la roca que se edificaron
en Nubia en el transcurso del extenso periodo del reinado
de Ramsés. La finalidad del templo era
impresionar a los vecinos del Sur y reforzar la influencia
de la religión egipcia en la región. Cuestión
que durante muchos años fue lograda con intermitentes
momentos de gloria y disturbios políticos.
Con el trascurso del tiempo, el templo,
marginado y luego desolado, comenzó
a llenarse de arena. A mediados del siglo VI adC, la
arena tapaba las estatuas del templo principal hasta
la altura de sus rodillas. Abu Simbel
quedó como un recuerdo ínfimo y casi una
leyenda, hasta que en 1813 el suizo J.L. Burckhardt,
maravillado con el descubrimiento, volvió a descubrir
tamaño patrimonio histórico.
Hoy en día son miles de personas
los que visitan cada día semejante obra del ser
humano. Desde el Cairo se organizan viajes hacia Abu
Simbel ya sea en bus, avión o tren.
|