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Este cuento egipcio trata sobre la
historia de un faraón y su esposa, matrimonio
que sufría por el hecho de no poder tener un
hijo. La pareja rezó durante años realizando
ofrendas a todos los dioses del antiguo Egipto, hasta
que finalmente la mujer quedó embarazado y tuvo
un pequeño niño.
Como era costumbre en el antiguo Egipto,
los 7 TAHORS acudieron a realizar las profecías
sobre las vivencias que el niño tendría
en vida, desgraciadamente estas figuras anunciaron que
el niño moriría a manos de un perro, un
cocodrilo o una cruel serpiente.
El rey y padre del hijo, asustado por
la profecía, decidió levantar un gran
palacio en medio del desierto con el fin de proteger
a su hijo de tal maldita profecía
alejando así al príncipe de toda amenaza
externa. Durante años el niño crecería
y jugaría en aquellos espacios lejanos de la
civilización. Un día el niño pidió
a su padre un perro movido en su amor
por los animales, el padre asustado optó
por regalarle un cachorro inofensivo e incapaz de hacerle
daño.
El perro y el joven príncipe
se hicieron amigos inseparables, pero el joven que cada
vez era más adulto se sentía como en una
prisión de oro. Un día decidió
huir de palacio acompañado de su perro y sumergirse
en la ciudad donde nadie le conocía. Allí
se fijó en Naharin, una princesa
que vivía en una torre. Su padre, un hombre
rico y posesivo anunció que tan solo
le dejaría salir de la torre cuando uno de sus
pretendientes fuera capaz de llegar hasta ella de un
solo salto.
El joven lo consiguió y al padre
tuvo que cumplir su promesa dejando que el príncipe
y su hija se prometieran. Un día el joven le
contó a su pareja la fatal profecía, ella
muy preocupada por lo que le pudiera suceder le
vigiló y protegió en todo momento.
Un día una serpiente se acercó a la cama
del joven y ella logró matarla y el perro se
la comió salvando así la vida al príncipe.
Años después, su perro
intentaría atacar a su amo, el príncipe
se tiro al río huyendo de el, allí se
encontró a un cocodrilo. El mismo estaba tan
cansado, que propuso al joven de no
matarle a cambio que le concediera la libertad
ya que este animal era el encargado de proteger al joven
en las aguas que rodean a su castillo. Así lo
hicieron, el joven creyéndose ileso
y salvo de la maldita profecía se tumbó
en la orilla donde el perro intentó de nuevo
atacarle. La profecía se cumplió
ya que al matar al perro la serpiente
había salido viva de su interior y de una sola
picada terminó con su vida.
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