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LA MALDICIÓN DE LAS PIRAMIDES

Entre leyendas y sugestiones se ha forjado más de una historia sobre las pirámides de Egipto y sus presuntas maldiciones. Un universo complejo de historias milenarias y advertencias se dispuso desde un principio en cada pirámide y sepultura de todos los faraones. Entre las creencias de los habitantes, producto de infinitos relatos, y los jeroglíficos que advertían de tremendos pesares al que profanara el descanso eterno de un faraón, la ficción y la realidad se han entremezclado en varias oportunidades. Aunque generalmente muy ambiguas, todas las catástrofes generadas a partir de las profanaciones, todavía hoy no se pueden explicar con simples palabras.

Las leyendas que los habitantes de Egipto siempre temieron apuntaban directamente hacia todo aquel que se atreviera a perturbar el sueño de sus grandes reyes; y cada faraón tenía su debida importancia. Tal es así que en los comienzos del siglo veinte, cuando se produce el auge de la arqueología en Egipto, una de las grandes preocupaciones de los pobladores eran las terribles consecuencias que las excavaciones traerían a su pueblo. Además, cuando empezaron a suceder fenómenos extraños, la mayoría de los egipcios, aunque eran bien remunerados, se negaban a ayudar en las excavaciones.

Generalmente, las leyendas apuntaban no sólo al hecho de la profanación, sino también a maldiciones que impregnaban incluso los objetos que dentro de las tumbas se encontraban, como es el caso de vasijas y objetos preciosos. Se sabe de muchos casos en que varios objetos que fueron sustraídos de los sepulcros viajaron hasta Europa y propiciaron las peores desgracias para sus poseedores, tanto, que muchos de ellos se vieron obligados a devolver los objetos a su origen.

Una de las historias más importantes en cuanto a maldiciones, que incluso inspiró a más de una película, es la de Tutankamon. Aquella expedición, comandada por Carter y avalada por el excéntrico Lord Carnarvon, fue la más importante en términos de arqueología, pero también la más desgraciada al transcurrir el tiempo. Una semana después de la profanación de la sala mortuoria, Carnarvon muere repentinamente en un hospital de la ciudad de El Cairo. En la misma expedición y al entrar en el recinto donde se encontraba el faraón, uno de los colaboradores es picado por un simple mosquito. Al principio no le prestó demasiada atención, pero la herida del mosquito comenzó a infectarse y a los trece días moría de un coma febril implacable.

Muchos más sucesos tuvieron en vilo a los pobladores en aquella época. Hechos inexplicables relacionados con aquellas advertencias ancestrales. Las muertes y accidentes, que se pudieron explicar científicamente, sembraron confusión por el hecho de suceder justo cuando se profanaban las tumbas. Historias fascinantes que envuelven todavía más el misterio de las colosales obras egipcias.

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