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El Valle de los Reyes es una de las
grandes maravillas del antiguo Egipto y una
referencia ineludible para todo aquel que desee conocer
las huellas de una de las más antiguas civilizaciones.
Las tumbas de grandes faraones yacen
en un lugar mítico, bajo una atmósfera
repleta de historias y leyendas, de
arquitecturas antiquísimas que nos muestran el
gran paso del hombre sobre una tierra desierta y con
pocas posibilidades de construcción.
El Valle de los Reyes fue denominado
en la antigüedad “La Gran Sede”, “La
Gran pradera” o “La Sede de la
Verdad” y en los textos clásicos de Homero
“Tebas de las 100 puertas”.
Actualmente a la zona principal del valle se le denomina
Biban el Moluk, es decir “las puertas de los reyes”
en atención a las tumbas que allí se emplazan.
Un segundo valle, al que hay que acceder en un medio
de locomoción (taxi, autobús...) es el
llamado Valle de los Monos donde se encuentran las tumbas
de Amenhotep III (cerrada al público)
y la del rey Ai. Precisamente la decoración
de ésta última es la que da nombre a este
valle, ya que en la cámara del sarcófago
destacan las figuras de 12 monos relacionados con el
culto al sol.
Su entrada natural estaba formada por
una garganta estrecha, que desapareció al construir
la carretera moderna de acceso. Una vez en el corazón
del valle, podemos observar distintos lechos y pequeños
valles formados por la erosión
del mar antes de la aparición del hombre, donde
se esconden grandes y pequeñas tumbas decoradas
de los monarcas egipcios. Como curiosidad
es importan recalcar la presencia de fósiles
marinos en la cúspide de la montaña tebana.
El total de enterramientos excavados
en esta zona es de 62, sin contar algunos pozos o tumbas
inconclusas referidas con letras en lugar de números.
Precisamente, la última tumba numerada es la
del famoso rey Tut Ank Amon, encontrada
por Howard Carter en 1922, después de seis años
de búsqueda infructuosa. Pese a su fama mundial,
este hipogeo no puede considerarse el más bello
del yacimiento ya que otras tumbas
con menos fama superan con creces la de este joven rey.
Además la tumba de Tut-ank-amon
es la más pequeña del valle y la que goza
de una entrada más cara. Únicamente el
fabuloso tesoro hallado casi sin violar y hoy
depositado en el Museo de El Cairo,
justifica el interés de los visitantes.
Sin dudas, uno de los puntos más
importantes para reencontrarse con el viejo Egipto es
este gran valle dedicado a las importantes deidades
y reyes del pasado. En conjunto, el visitante podrá
apreciar numerosas tumbas en un ambiente
de montaña desértica que más se
parece a un sueño que a la mera realidad.
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